Otro cumple más que no estás acá. Y va ya mas de año y medio de tu ausencia...y duele. Escuché decir alguna vez que el duelo a un ser querido, dura dos, tres años tal vez. A mí nunca me gustaron esas certezas que se comentan sobre la vida, yo te extraño, tanto como ayer y no en mayor ni menor medida que mañana. Así como lo voy a hacer el resto de mi vida. El inmenso vacío que deja la muerte es precisamente eso, inmenso. Pero allá va un 16 de marzo más que pasa y que me llena de ganas de escribir, o escribirte, por más lejos que estés.
Arrancar siempre me cuesta muchísimo. Resurge la tristeza, impotencia, bronca de aquel momento en el que me dijeron que te habías ido,y ya nadie pudo hacer absolutamente nada. Sí, cuánta bronca. Y qué angustia que tengo adentro, la puta madre. Fuiste y sos en la memoria de todos aquellos que tuvieron la suerte de conocerte, una mina de oro. Y agradezco a la vida haberme dado esa posibilidad de conocer a una mujer increíble...de conocerte. Mucho, mucho más mujer que cualquier otra, una luchadora en la vida. Y, por consecuente, una excelente persona, a pesar de todo. Es invaluable todo lo que diste por mí, y todo lo que pude aprender de vos. Cada abrazo que me diste, dura en el tiempo y todavía puedo sentir, en momentos difíciles, como tus brazos me abrigan ...casi instantáneamente todo queda en calma...
La foto que elegí para acompañar mis palabras, puede no ser nada felíz. Pero la elijo, porque ahí estabas, una vez más en la lucha. Esta vez era contra el cáncer. Enemigo difícil eligió presentarte la vida. Es sabido quién ganó, pero la imagen retrató aquella sonrisa que te caracterizó siempre. Que podías mantener incluso en los últimos días. Esos mismos en los que no dabas más y sabías que no faltaba mucho para darnos un último 'adios' y 'hasta siempre'. Te adoro tía, siempre te llevo conmigo. Gracias por cuidarme, y por continuar haciéndolo.
