22.12.11

Cuando la vida golpea duro

No hay día que no te extrañe. Me diste todo de vos y más y así lo hiciste con cada persona que conocías. Siempre con tu mejor sonrisa aún cuando no tenias razones para sonreir. Y aunque la distancia, inevitablemente, nos separaba cada año, todo momento de reencuentro era especial. Eramos capaces de hablar y compartir risas horas y horas. Nadie me escuchaba como vos lo hacías. Me cuesta muchísimo aceptar que ya no estás acá, que ya no puedo levantar el teléfono, colgarme hablando con vos y que después mamá venga a cagarme a pedos por la factura del teléfono. No te das una idea de cuánto necesito esas charlas, pero lamentablemente hay cosas que no se pueden revertir. Tía, me dejaste lo mejor de vos y espero haberte dejado lo mejor de mi. Siempre, siempre vas a vivir en mí. Quedan conmigo miles de recuerdos imborrables. Sobre todas las cosas nunca voy a olvidar esa última vez que te vi, que ambas sabíamos que iba a ser la última. Estabas dormida, mas bien, destruida y yo me tenía que ir. Te salude igual, no tenia bien en claro si escuchabas o no, pero son esas cosas que uno hace porque si, con cierta esperanza. Te despertaste aunque nada mas te haya susurrado al oído y con la poca fuerza que te quedaba para hablar me dijiste cuanto me querías y que cuando salieras de esa íbamos a ir a comprar mi regalo de 15, que todavía me 'debías' porque no pudiste comprármelo en su momento. Y enseguida buscaste como pudiste mi mano para apretarla fuerte. Ahora lo único que pienso es que el mejor regalo hubiese sido que te quedaras acá conmigo, con todos nosotros, que no te das una idea de cuánto nos hacés falta...